(Agon&areté retoma la publicación de artículos, luego de superar algunos escollos personales y laborales. Como creador y director de este portal, agradezco la lectura de estos contenidos elaborados con rigor académico, responsabilidad e independencia periodística, dirigidos al público de lenguas española, portuguesa, inglesa, árabe y chino mandarín).
Por Sandro Angulo Rincón
Colgar los botines, la raqueta, los guantes de box son algunas expresiones coloquiales con las que la sociedad y los atletas se refieren a la jubilación, anticipada o planificada, de la competencia deportiva de alto nivel. En este artículo de Agon & Areté se estudian las causas, efectos y retos que afronta un deportista retirado desde la epistemología de la comunicación, la psicología y la filosofía.
El atleta ha sido escogido por los dioses. Es el héroe nacional, adquiere privilegios por su cercanía con el poder político y económico, adinerado, goza del amor popular y queda inmortalizado en los pensamientos de varias generaciones que recuerdan con alegría sus hazañas y victorias. Sin embargo, cuando el atleta construye su propia identidad a partir de sus logros y medallas, y no por su condición de ser humano, surgen las distorsiones mentales cuando debe retirarse de la actividad profesional.
El deporte de excelencia es un proyecto modernista caracterizado por la búsqueda de récords, y a cuyos atletas se les enseña rápidamente que el reconocimiento debe alcanzarse a través de triunfos medibles. Adicionalmente, la comprensión modernista del deporte se ha visto reforzada por los avances en las ciencias que han proporcionado un conocimiento y una tecnología cada vez mayores para evaluar el rendimiento atlético y, por lo tanto, han explorado el cuerpo como una máquina que se puede manipular y mejorar. En esta cultura, dominada por narrativas de juventud, desempeño hegemónico y dominio sobre los demás, el envejecimiento se vuelve potencialmente problemático. Es hora de jubilarlo ante la llegada del declive físico, según la narrativa de los medios de comunicación occidentales.
Víctor Hugo Aristizábal, exjugador de fútbol colombiano, automatizaba el ritual de preparar su mochila con los implementos deportivos para ir a entrenar, pese a que recientemente se había retirado por culpa de una lesión crónica de rodilla; Manny Pacquiao, exboxeador filipino, luego de un efímero escarceo con la política, decidió volver al cuadrilátero en el 2025 con 46 años para enfrentar a Mario Barrios, estadounidense 16 años menor, por el título wélter del Consejo Mundial de Boxeo. El combate quedó empatado. Pacquiao, ganador de 12 títulos en ocho categorías de peso diferentes, manifestó a la prensa que regresaba porque “el boxeo es su pasión”.
Casos parecidos como los de los estadounidenses Michael Jordan con su doble regreso a la NBA (1995 y 2001) y los de Tom Brady (2022 y 2023), talentoso Quarterback de la NFL (National Football League), reflejan un apego -a veces enfermizo- por la gloria deportiva que les dificulta regresar al “mundo de los mortales” con nuevos proyectos de vida. “El apoyo de la multitud y del país es como una droga, escribió la rugbista británica Catherine Spencer en The Guardian, y añadió “¿quién eres sino el atleta de élite que pasa cada hora planificando y entrenando?”.
Suzanne Cosh y sus colegas, calculan que hasta un 20 % de los atletas retirados siguen experimentando transiciones de crisis, caracterizadas por la falta de adaptación, el malestar psicológico persistente, la depresión, abuso de drogas, aislamiento social, adicción a ejercitarse, altos niveles de ansiedad y baja autoestima. De acuerdo con estos investigadores, un patrón observado con frecuencia en esta población fue la falta de hobbies o alternativas para ocupar el tiempo. Otro patrón fue la ausencia de una rutina predeterminada, lo que obligaba a los atletas jubilados a planificar sus propios horarios.
Libby, una deportista que participó en el estudio, afirmó: “Como atletas, a menudo nos dicen que tenemos nuestra rutina establecida y nuestras metas de las que hablamos con los entrenadores. Luego, al retirarnos, nos enfrentamos al mundo real y es como si tuviéramos que crear nuestras propias actividades diarias, y eso era algo totalmente ajeno a mí… No tenía nada fuera de la natación. Intenté crear algo fuera de esta disciplina, así que estudié en la universidad, pero no era necesariamente una pasión”.
Monica Vilhauer, doctora en filosofía, expresa que una de las primeras cosas que surge en las conversaciones con los deportistas sobre lo más importante en sus vidas es la sensación de que su valor como seres humanos se basa en sus victorias, medallas o récords. Y esta es precisamente la raíz de una de las grandes crisis de la transición. Les preocupa: si ya no gano, ¿qué valgo? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué me hace especial?
Vilhauer agrega que “los deportistas suelen contar historias de entrenadores de la infancia (y a veces de padres) que solo les elogiaban por sus triunfos y eran hipercríticos con ellos por cada error. Había una naturaleza condicional en la atención y el cuidado que recibieron al crecer, al privilegiar el mensaje de que lo más importante no es quiénes son, sino lo que hacen (y, más concretamente, el resultado de lo que hacen en comparación con los demás). Los deportistas interiorizan este mensaje y adoptan la idea de que solo son dignos como personas—y solo dignos de amor—cuando ganan. Así, están atrapados en la situación inestable y ansiosa de que su valor personal suba y baje con el caos de resultados que en gran medida están fuera de su control”.
Los atletas recalcan que “el foco siempre estaba en los resultados”, “realmente no teníamos voz”, “no hubo oportunidad de expresar una opinión ni de tomar nuestras propias decisiones”, “cualquier cosa que fuera ‘yo’ fue reprimida”. Incluso, algunos manifiestan que, aun obteniendo los primeros lugares, les cuesta disfrutar de la victoria porque sienten temor de que fueran criticados por algún fallo en su rendimiento en la próxima competencia.
Otro tema recurrente que emerge en diálogo con los atletas, de acuerdo con las investigadoras Noora J. Ronkainen & Tatiana V. Ryba, es la sensación de falta de apoyo o, incluso, de abandono por parte de sus respectivas entidades deportivas de sus países, a las cuales acusaban brindar apoyo superficial y simbólico, no real y permanente.
En el libro Fundamentos de la metafísica de las costumbres, del filósofo alemán Inmanuel Kant (1724-1804), la moralidad exige que tratemos y respetemos a los seres humanos como entidades de valor absoluto o como “fines en sí mismos”, no simplemente como instrumentos para algún propósito, o como “fines relativos”, esto es, objetos, animales y cosas a los que se les fija un precio para intercambiarlos o reemplazarlos.
Como era de esperar, las jubilaciones «forzadas», aquéllas en las que la persona es impulsada a no continuar porque el equipo ya no cuenta con ella, no se le renueva el contrato, el rendimiento físico decae o sufre una lesión crónica, fueron las que más a menudo siguieron los patrones en mención. En cambio, los que planificaron su retiro voluntario, la transición a la vida con menos fama y reconocimiento fue menos traumática, justamente porque durante su desempeño como deportistas de excelencia adquirieron nuevos conocimientos y destrezas, y establecieron redes de apoyo sólidas.
Aunque esporádicamente ha sido objeto de investigación científica, el retorno al deporte de élite después de estar retirado es representado por los medios de comunicación como una obsesión malsana o algo que no se elige, sino que es producto de la emoción, la compulsión y la necesidad de jugar. Sin embargo, el regreso al deporte de élite tras la retirada, como los casos de Jordan, Brady y Pacquiao, entre otros, no ha sido objeto de investigación. Se ha informado que esta transición es muy estresante para los atletas, ya que deben adaptarse a las nuevas exigencias asociadas con el aumento del entrenamiento y los resultados esperados, así como con los nuevos desafíos psicológicos y psicosociales propios del alto performance deportivo.
Recomendaciones para la transición saludable
La psicóloga deportiva, Tess M. Kilwein, recomienda varias acciones que el atleta puede ejecutar para que la jubilación o el tránsito hacia otra vida distinta de la que brinda el deporte de élite sea tranquila y enriquecedora.
Muchos deportistas retrasan la preparación para la retirada del deporte hasta que está justo delante de ellos. No obstante, la transición a un nuevo proyecto de vida es un proceso más que un resultado, y se recomienda que los atletas planifiquen la vida después del deporte a lo largo de toda su actividad profesional. Verbigracia, prepararse con antelación, adquiriendo experiencia, entrenamiento y conexiones necesarias puede facilitar el retiro.
Fortalecer la identidad fuera del deporte. Aunque desarrollar una identidad es crucial para el éxito, muchos atletas no la exploran fuera de la actividad agonística, dejándolos sin mucho propósito o dirección una vez que el deporte se les arrebata. Por ello, se les anima a los deportistas a explorar su identidad, intereses y aspiraciones desde temprano.
Crear nuevas rutinas. La retirada de la actividad competitiva puede suponer la pérdida de un conjunto de rutinas necesarias durante la participación deportiva. Desarrollar y mantener un compromiso con nuevas rutinas, como el ejercicio, las actividades sociales y horarios fijos para dormir, puede crear una sensación de familiaridad que facilita la transición fuera del deporte.
Mantener una conexión con la actividad atlética. Aunque puede ser tentador alejarse completamente para evitar el dolor psicológico de la jubilación, conservar cierto nivel de identidad y conexión con el deporte puede ser significativo. Este logro se puede obtener mediante entrenamiento, mentoría o participación recreativa. Se anima a los deportistas a compartir sus experiencias con los demás.
Utilizar las habilidades que se aprendieron. Al dejar la competición, muchas habilidades adquiridas a través de la participación deportiva pueden contribuir al éxito personal y profesional en otras áreas de la vida. Por ejemplo, la fijación efectiva de objetivos, el desarrollo de liderazgo, el trabajo en equipo y las habilidades de comunicación tienen beneficios que trascienden el mundo deportivo.
No hacerlo solo. Dejar el deporte puede resultar desolador y confuso, especialmente cuando un atleta pierde el acceso inmediato a su red de apoyo. El acompañamiento social, en general, puede facilitar grandes transiciones vitales; sin embargo, obtenerlo de otros que han dejado el deporte, entrenadores o profesionales de la psicología deportiva formados para afrontar transiciones saludables con atletas, puede resultar aún más beneficioso.
Otro punto de vista lo ofrece el existencialismo filosófico, corriente de pensamiento que se centra en el análisis de la presencia del hombre en la sociedad, la responsabilidad, la libertad y el significado de la vida. Para los existencialistas, hay que ser escéptico respecto a la industria deportiva que reduce a los seres humanos a meras máquinas funcionales y no los hace conscientes de nuestra propia finitud, la cual puede capacitarnos en la comprensión de verdades más espirituales de la existencia humana. De hecho, algunos atletas que siguen esta premisa relacionan el envejecimiento con algunos resultados potencialmente positivos, entre ellos los de encontrar perspectiva, presencia y disfrute en la carrera, la pérdida de la ansiedad competitiva y una mayor apreciación de la comunidad de corredores, en contraposición a un enfoque exclusivamente individualista del éxito.
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